| En esta ocasión, queremos “decorar”
esta Portada con la ayuda de las palabras de dos poetas que amaron
los libros. Curiosamente, nacieron en el mismo año, aunque
hubiera todo un océano en medio de sus respectivas poblaciones
de origen.
Comenzamos con el poeta granadino – y universal – Federico
García Lorca (1899 – 1936). En septiembre del año
1931, asistió a la inauguración de la primera biblioteca
pública de su pueblo, Fuente Vaqueros. El alcalde le invitó
a pronunciar el discurso oficial en el acto de abrir la biblioteca
y el poeta siguió siendo poeta, aunque se tratase de un acto
público, en presencia de sus paisanos. Pedimos prestadas
a García Lorca unas frases de su discurso: Muchas veces un
pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento,
y un libro o unos libros pueden estremecerlo e inquietarlo y enseñarle
nuevos horizontes de superación y concordia. ¡Y cuánto
esfuerzo ha costado al hombre producir un libro! ¡Y qué
influencia tan grande ejercen, han ejercido y ejercerán los
libros en el mundo!
Damos un salto de casi medio siglo y nos encontramos con unas palabras
del ensayista y poeta argentino – y universal - Jorge Luis
Borges (1899 – 1986). Las encontramos en un ciclo de conferencias
impartidas en la Universidad Belgrano (Buenos Aires) en el año1978.
La primera de sus intervenciones se tituló El Libro y J.
L. Borges la dictó de memoria, pues entonces ya era ciego.
Sus palabras fueron grabadas y transcritas posteriormente y hoy
las podemos encontrar publicadas en un libro que nos ofrece los
textos de aquellas conferencia (Borges oral, Barcelona, 1980). Todas
sus ideas son muy interesantes, pero queremos recordar una de ellas,
que sigue siendo actual, a pesar del tiempo transcurrido: Se habla
de la desaparición del libro; yo creo que es imposible. Se
dirá qué diferencia puede haber entre un libro y un
periódico o un disco. La diferencia es que un periódico
se lee para el olvido, un disco se oye asimismo para el olvido,
es algo mecánico y por lo tanto frívolo. Un libro
se lee para la memoria.
No existía el libro electrónico en el tiempo en el
que Borges afirmó su certeza de que el libro es duradero.
Pero aquella opinión sigue siendo válida, pues algunos
creemos que la presencia de este nuevo soporte y formato no significa
un riesgo de desaparición para el libro. Al fin y al cabo,
el libro electrónico sigue siendo un libro - o un conjunto
de libros – presentados de forma diferente.
La Historia del Libro nos permite conocer que ya existieron otras
formas y materiales, anteriores a lo que conocemos como “códice
impreso”. Es posible que existan otros formatos, en un futuro
más o menos próximo, que reemplazarán al libro
electrónico.
Y las librerías hemos ofrecido los libros a lo largo de
la Historia, con independencia de sus formas y aspectos exteriores.
Así ha sucedido desde los bibliopolas de la Grecia y la Roma
Clásicas, hasta nuestros días. Y esperamos que siga
sucediendo, generación tras generación, el hecho de
que las librerías ofrezcan sus mercancías a los lectores.
Zaragoza, Cinco de Marzo de 2012.
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